Si por algo funcionan los prejuicios es porque generan placer cuando se
descubren ciertos. En ese sentido, Indómita
luz (2012), el disco de Juan Cruz de Urquiza sobre música de Charly García,
no hace más que comprobar lo que ya sabemos: que Urquiza es un trompetista y
arreglador de nivel superlativo y que las canciones de García tienen una solidez,
una vitalidad y una potencialidad prodigiosas.
“Indómita luz” viene, claro, de “Rezo por vos”. Siempre sospeché que
esa línea era de Spinetta (no sé si alguien se tomó el trabajo de averiguar quién
dijo qué en ese tema), pero hoy me resulta la más precisa posible para definir
el genio artístico de García. Y también las versiones de Urquiza, que iluminan
nuevas posibilidades sin perder del todo la indocilidad rockera. No solo en el
arreglo: cada solo suyo es un dechado de sensibilidad y justeza.
Uno de las dificultades del jazz es que requiere una carga de erudición
considerable para evaluar el trabajo del intérprete en función de lo que hace
con el tema base, el standard. Cuanto
más transitado, más difícil el reto. Ese código del género deja muchas veces
afuera a oídos menos entrenados o –digámoslo—más perezosos. Por eso, chances como
estas son de las que hay que aprovechar.
Nadie podrá endilgarle oportunismo a Urquiza, si consideramos que los
propios originales –aunque poco transitados en el lenguaje del jazz— establecen
un piso bastante alto. Si a eso sumamos que el resultado es sobrecogedor,
bienvenido sea si abre un acceso al jazz con una que sepamos todos. Como diría
alguien: “Pueden venir que quierán
que serán tratados bien”.

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