En él, con lo mínimo –tres voces, una
guitarra, un piano y percusión– Aymama le imprime su sello a lo que parece un
muestrario bien elegido de especies folklóricas de todo el país: un par de
huaynos, un par de zambas, tres chacareras, unas coplas norteñas, una chaya,
una milonga, un bailecito, una cueca, una vidala… Hasta el gualambao –creado y
cultivado por el enorme Ramón Ayala– encuentra un representante en “Canto al
Río Uruguay”. Di Fulvio, Leguizamón, Castilla, Núñez, Falú, Muller, Tejada
Gómez, Marziali son algunas de las grandes firmas, entre las que se cuela la
propia Suárez con tres logradas composiciones.
¿Qué tienen estas tres chicas que se cruzaron
en las peñas del oeste suburbano para cautivar así a la crítica? Nada
extraordinario. Un folklore sosegado, rebosante de frescura, delicadamente
interpretado, sin un gesto de más ni una nota de menos. No demasiado osadas,
pero jamás obvias. Las Aymama suenan nuevas sin afectación. “Como flor del
campo, bien sencillita”, diría Raúl Carnota.

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