Como creo que todos, tengo amigos que no serían capaces de diferenciar un bajo de una guitarra. Sin embargo, estoy seguro que si le menciono la palabra jazz algo surgirá en su cabeza, y ese algo se parecerá bastante a alguno de los tres o cuatro (o cinco, o seis) grandes dialectos, a los tres o cuatro grandes estilos que definieron lo que la gente entiende por jazz a secas: el bebop, el cool, el dixieland, alguno más a gusto del iniciado y, por supuesto, el swing.
De la misma forma, aunque nunca lo haya ejercitado, el swing –como estilo– está en el ADN de
cualquier músico de jazz. Eso es lo que demuestra Mariano Otero en Desarreglos, su excelente último disco,
un homenaje a Walter Malosetti nacido como una comisión del Festival de Jazz
2008. Para rendir el tributo, el contrabajista no “actualiza” en el más burdo
sentido del término las obras del homenajeado. Hace lo contrario, se sumerge en
su mundo musical, compone y arregla dentro de los parámetros del swing. Pero lo
hace como ningún compositor de los ‘30 o ‘40 podría haberlo hecho.
Hay 70 años que transcurrieron, hay un mundo del jazz que
estalló en mil pedazos desde entonces y desarrolló un lenguaje tan rico como
complejo. Un lenguaje que Otero conoce de manera cabal. Así, lo que podría ser
apenas un ejercicio o un divertimento se transforma en mucho más: en un nuevo
canal de expresión, en una posible respuesta a la pregunta de qué tiene para
decirnos hoy ese estilo.
Dijo por ahí, en una entrevista, que Desarreglos se pareció bastante a hacer una película de género.
Buena definición. Pero habría que agregar que, como los mejores cineastas,
Otero le da una vuelta de tuerca. Respetuosa, pero innovadora al fin. El
trabajo tímbrico en “Avellaneda” (Otero) y en “Adiós Lala” (Malosetti), las
melodías de temas como “El Maestro” (Otero), algún juego rítmico que aquí o
allá aparecen, se salen del guión para, luego de señalar el contraste, volver a
él.
Otero se rodea de parte de la crème del jazz vernáculo: Juan Cruz de Urquiza, Rodrigo Domínguez,
Ramiro Flores, Bernardo Monk, Martín Pantyrer, Juan Canosa, Patricio Carpossi,
Oscar Giunta. Como buen patrón de área, el bajista organiza desde el fondo un
equipo capaz de definir por goleada en cada una de sus intervenciones solistas.
La química entre los músicos, la relectura respetuosa pero a la vez original
que Otero hace de Malosetti y su mundo, la celebración de un jazz que nos hace
salir silbando de la sala construyen un disco que si no llega a la perfección,
al menos la araña.

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